Ryszard Kapuscinsk, uno de los mayores exponentes del periodismo de guerra que ha existido a lo largo de la historia, durante una conferencia en España decía que “el verdadero periodismo es intencional… Se fija un objetivo e intenta provocar algún tipo de cambio. El deber de un periodista es informar, informar de manera que ayude a la humanidad y no fomentando el odio o la arrogancia. La noticia debe servir para aumentar el conocimiento del otro, el respeto del otro.” Y bien que hace falta comprender estas palabras en una sociedad tan polarizada, o mejor politizada, como la colombiana.

Ahora con el avance y el uso de la tecnología es mucho más común que la gente se exprese diciendo lo que siente y piensa sobre la situación del país. Por ejemplo, durante todo el 2 de abril la tendencia número 1 en Colombia en Twitter fue #Nomarchotengomemoria, en contraposición a las manifestaciones lideradas por el Partido Centro Democrático en contra de como el de  gobierno de Juan Manuel Santos lleva el proceso de paz que se adelanta en La Habana con las FARC y su gerencia del país en estos 6 años de mandato. Mientras eso sucedía en las redes, los medios de comunicación solo informaban de las marchas en las diferentes ciudades de Colombia y la participación de las personas, como si eso fuera un descontento mayoritario. ¿Cree que está forma de informar, según lo planteado por Kapuscinski, ayuda al conocimiento de los demás? Haga esta prueba: pregúntele a sus abuelos, sus tías, o a la señora de la tienda, aquellos que no usan redes sociales, si creen que una mayoría está descontenta y por eso salió a marchar. Yo ya la hice, y por lo que vieron en sus televisores respondieron que “sí”, sin embargo, lo que se ve en las calles y lo expresado en las redes es una realidad diferente: ¡no son la mayoría! aunque la popularidad de Santos ha disminuido, tampoco apoyaron las marchas uribistas del 2 de abril.

Si esto pasa en la esfera política del país, imagínese como es cuando a las personas se les pregunta por las FARC y lo relacionado al conflicto armado de los últimos años. Los periodistas y los medios de comunicación han tenido la labor social de informar y de generar opinión en las personas, por eso, su participación dentro de la sociedad ha sido primordial para entender y conocer lo que sucede entorno al conflicto armado colombiano.

Durante las épocas de recrudecimiento bélico entre el ejército y la guerrilla, el lenguaje de los medios para referirse a una persona muerta de alguno de los bandos era muy diferente. Cuando un soldado moría, los medios tildaban este hecho como un asesinato, mientras que la muerte de un guerrillero era “dar de baja”, esta clase de eufemismos utilizados por los medios hace que una acción se vea menos o más bárbara frente a la otra, sin embargo, los dos son personas muertas ¿no? Al respecto, Camilo Tamayo y Jorge Bonilla en su texto “El deber de la memoria. La agenda investigativa sobre la cobertura informativa del conflicto armado en Colombia, 2002-2012” rememoran como algunos textos entre 2002 y 2010 analizaron un lenguaje estereotipado de los medios en el que predominan palabras como “actores armados, el oponente el desmovilizado, el reinsertado, lo ‘no oficial’, los acuerdos humanitarios, el Plan Colombia, las movilizaciones ciudadanas o las víctimas, que terminan atizando más la guerra que las posibilidades de la paz.”

En este mismo documento se analizan las garantías para ejercer periodismo al cubrir los hechos relacionados con los enfrentamientos y sus posteriores consecuencias. Al respecto, el texto cita a los informes anuales hechos por la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) en los que se denuncian amenazas, intimidaciones, interceptaciones telefónicas a quienes eran críticos del gobierno de turno y la remembranza a la justicia colombiana para lo no impunidad, todo esto relacionado con los periodistas y su quehacer diario en pro de una información veraz.

Quienes quieren brindar una información de primera mano se han adentrado en las selva colombiana para poder hablar con quiénes son participes de los enfrentamientos a sangre y fuego. María Jimena Duzán en su libro “Crónicas que matan” relata cómo durante el gobierno de Julio Cesar Turbay Ayala (1978-1982) se internó en las selvas del Putumayo  para entrevistar a Jaime Bateman, fundador y comandante del grupo guerrillero M-19. En sus líneas cuenta su difícil traslado hasta el campamento donde permaneció por dos semanas debido a las enfrentamientos que habían en la época, mientras que en Bogotá todos creían que ella estaba secuestrada, así lo habían planeado para “evitar que los organismos de seguridad me detuvieran por entrevistar a guerrilleros”, cuenta ella, los únicos que sabían la verdad eran: el expresidente Carlos Lleras Restrepo; German Cano, su jefe del diario El Espectador y su madre.

Es una lástima que en el país se hayan censurado algunas personas por sus posiciones ideológicas. Sí, unas fueron calladas por la clase política, otras por los grupos al margen de la ley y otros por unas balas a las que nunca se les pudo atribuir un responsable. Eso de la censura no debería existir.

Actualmente, por lo menos, la prensa puede acceder a entrevistas con guerrilleros de las FARC sin sentirse amenazados por el Estado.

En las imágenes se evidenciaba la tranquilidad que viven estas personas internadas en la selva mientras que se adelantan las negociaciones de La Habana y como, según ellos, se preparaban ideológicamente para un posconflicto en el que se dejaran las armas para hacer parte de la sociedad. También, el New York Times, uno de los periódicos más importantes de Estados Unidos, publicó a mediados de marzo dos reportajes en los que se relataban las relaciones sentimentales que se establecían dentro de este grupo de combatientes. A Nicholas Casey quien escribió “In a Rebel Camp in Colombia, Marx and Free Love Reign” lo invitaron directamente para que presenciara lo que estaría a punto de disolverse con la firma de los diálogos, además relataba las relaciones de “amor libre” que se dan entre hombres y mujeres dentro de estos  grupos armados ilegales. Un texto muy ‘light’. El segundo reportaje “Why free love in the FARC isn’t so free.” hecho por Roxanne Krystalli, es más crítico frente a la situación  que viven las mujeres en los campamentos: abortos sin consentimiento, abortos por obligación, falta de métodos anticonceptivos, relaciones de poder inferiores. Aunque existe el acceso a estas fuentes los productos que se realiza podrían ofrecer otras posturas frente a la situación que vive el país en busca de la despolarización social para ayudar a construir un entorno diferente para los cambios a los que se enfrentará el país.

Otro de los vejámenes a los que se enfrentan los periodistas a la estigmatización a la que se enfrentan cuando se atreven a decir algo en contra de algún político, es común que en la Fiscalía existan denuncias contra periodistas buscando incriminarlos en delitos como injuria o calumnia, muchos de esos procesos no trascienden pues al realidad es que los periodistas buscan blindarse lo mejor posible con lo que dicen teniendo soporte y cuidado con los términos que utilizan al denunciar un hecho de corrupción.

Yohir Akerman publicó recientemente una columna de opinión en El Espectador a la que llamó “El asociado No 82” allí explicaba que la Agencia de inteligencia de las Fuerzas Militares de Estados Unidos hizo en 1991 un listado de 104 personas “que estaban relacionadas, conectadas o trabajaban directamente para los carteles de narcotráfico, en especial en de Medellín”. El expresidente Álvaro Uribe Vélez aparecía en este listado en la casilla 82, junto a él estaban personajes como Pablo Escobar y Fidel Castaño que finalmente terminaron siendo figuras de este delito en el país. El expresidente y ahora senador inmediatamente por medio de Twitter tildó a Akerman de pertenecer al ELN, estigmatizando su labor informativa y hasta poniendo su vida en peligro. Decir cosas para deslegitimizar lo que otros dicen es muy fácil, mientras que Uribe decía cosas sin mostrar pruebas, el columnista tenía respaldo de lo que exponían sus líneas pues en una de estas podría estar siendo citado por contarle a la sociedad algo que deberían saber antes de elegir como presidente y senador a personas con pasados turbulentos. Esto demuestra que no solo los grupos armados se interponen en la labor periodística de informar, lo hacen también los políticos quienes, al parecer, no buscan una sociedad con conocimientos sino llena de borregos que sigan órdenes.

En La Habana se vive un momento difícil para los diálogos de paz, pues los temas que falta por definir son los más complicados en aras de un posconflicto, además, el gobierno anunció el inicio de los diálogos con el ELN en los últimos días. A respecto, el documento de Camilo Tamayo y Jorge Bonilla, establece que iniciativas por parte de la sociedad civil y el periodismo para por constituir espacios de reflexión social, deliberación y debate público son necesarias, pues temas como desplazamiento forzado interno, vinculación de niños, niñas jóvenes al conflicto o como abordar periodísticamente los asuntos de justicia transicional no han sido analizados con profundidad y esto se necesita para una construcción de paz. Luego de la dejación de armas por parte de los grupos armados, el periodismo también debe estar preparado para “informar de manera que ayude a la humanidad y no fomentando el odio o la arrogancia. La noticia debe servir para aumentar el conocimiento del otro, el respeto del otro.”, como lo decía Kapuscinski. En estos términos el periodista tomasino trae un trasegar importante por su acercamiento con las diferentes esferas del conflicto, pues no solo se deben tener en cuenta a quienes han estado disparando los fusiles, sino a quienes han sido víctimas de esta guerra que ha dejado más muertos que resultados.

Julián Bermúdez

 

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